El concepto de Evaluación Formativa (EV)
es un concepto en expansión.
Se habla de evaluación formativa desde
distintas teorías del aprendizaje Es relevante prestar atención a este hecho
porque:
Se “escucha” el término “evaluación
formativa” en formas distintas desde las diferentes teorías.
Cambia qué se evalúa, cómo se evalúa y
el uso de la información que provee la evaluación.
Ignorarlo puede mantener o generar
confusiones en la comunicación, lo que es especialmente delicado en el contexto
de reforma en el que está el Perú.
Ninguno de los enfoques de evaluación
formativa actuales tiene su base en el conductismo. Los enfoques recientes son
constructivistas:
Una idea constructivista clave es que
el aprendizaje se in_ere a partir de evidencias (acciones, expresiones,
desempeño del estudiante).
Evaluar es una actividad de
interpretación más que de medición.
El giro teórico al constructivismo es
acompañado por un giro curricular: el aprendizaje que es valioso es el que se
transfiere desde la escuela al mundo real y favorece la actuación deliberativa
de los sujetos en múltiples ámbitos de la vida.
No se trata entonces de evaluar quien
sabe o no sabe respecto de un saber verdadero
(correcto), sino de evaluar el desarrollo
de las capacidades de actuaciones emocionales,
relacionales, cognitivas, motrices de
los sujetos.
Estas capacidades las desarrollan los
estudiantes en el tiempo a distinto ritmo. Por ende, interesa evaluar dónde
está cada estudiante en su proceso de desarrollo para apoyarlo a seguir
aprendiendo.
La noción que
manejaremos sobre EF destaca tres ideas:
Búsqueda de evidencias de manera
intencionada.
Interpretación de la evidencia con
criterios claros.
Toma de decisiones
informada para planificar próximos pasos.
La evaluación formativa y sumativa no
se oponen, forman parte de un sistema, ambas
Mayer y Salovey (1990) definieron por primera vez el concepto “inteligencia emocional”, aunque posteriormente (1997) reformularon su idea original concediendo más importancia a los componentes cognitivos y a la habilidad para reflexionar sobre las emociones. Desde entonces, se han realizado numerosas publicaciones sobre este tema en los ámbitos educativo, organizacionales y de la salud (Ciarrochi, Forgas y Mayer, 2006; Matthews, Zeidner y Roberts, 2007; Mestre y Fernández-Berrocal, 2007; Schulze y Roberts, 2005; Zeidner, Matthews y Roberts, 2009).
Desde la aparición del concepto en 1990, diversos autores han propuesto su concepto de Inteligencia Emocional (IE) incluyendo en éste un conjunto de competencias, rasgos o habilidades de acuerdo con la definición enunciada (modelos de IE); asimismo, han diseñado y validado un instrumento de medida acorde con su modelo teórico.
En la actualidad podemos distinguir entre modelos de IE basados en el procesamiento de la información emocional centrado en las habilidades emocionales básicas -Mayer y Salovey-, y aquellos otros denominados mixtos, los cuales incluyen entre sus contenidos diversos rasgos de personalidad -Goleman y Bar-On- (Mayer, Salovey y Caruso, 2000).
Desde el modelo de la IE-habilidad (Mayer y Salovey, 1997) se propone una estructura jerarquizada de capacidades cognitivas para el manejo adaptativo de las emociones: percibir, facilitar, comprender y manejar o regular las emociones. Estos autores definen la Inteligencia Emocional como la capacidad para percibir, valorar y expresar emociones con exactitud; la capacidad para acceder y/o generar sentimientos que faciliten el pensamiento; la capacidad para comprender emociones y el conocimiento emocional; y la capacidad para regular las emociones promoviendo un crecimiento emocional e intelectual. Desde los modelos mixtos, se propone que los sujetos emocionalmente inteligentes poseen en mayor o menor grado una serie de competencias más vinculadas al constructo de personalidad que a habilidades cognitivas y más que modelos explicativos son perfiles exitosos.
En escritos posteriores, Mayer, Salovey y Caruso (2000) siguen concibiendo el modelo con cuatro ramas interrelacionadas: la percepción emocional, la integración emocional, la comprensión emocional y la regulación emocional. Así mismo, consideraron que el desarrollo conceptual de la inteligencia emocional requería relacionarla no sólo con la investigación sobre la inteligencia sino también con la investigación sobre la emoción. Para Mayer y Salovey (2007: 30), “al principio, el concepto de inteligencia emocional se centró en el complejo tapiz, potencialmente inteligente, del razonamiento emocional diario. Se asume que para la mayoría de las personas saludables las emociones transmiten cierto conocimiento sobre las relaciones que la gente tiene con el mundo. De acuerdo con esta visión, existen ciertas leyes y generalidades para las emociones. Estas normas y leyes pueden ser empleadas para reconocer y razonar con los sentimientos. Por consiguiente, el razonamiento emocional también incumbe cuestiones sobre las interacciones sociales. Por ejemplo, una persona insultada puede sentir ira, o si la persona es insegura y no asertiva, puede sentir vergüenza, humillación o ira reprimida. Reconocer estas diversas reacciones requiere alguna forma de inteligencia”. Es decir, que la inteligencia emocional requiere respuestas adecuadas con respecto a los sentimientos.
Desde los fundamentos teóricos del Programa FOSOE, se prefiere seguir un modelo propio (si bien más próximo al de Goleman). Nuestro modelo distingue las siete competencias socio-emocionales siguientes: auto-conciencia, regulación, empatía, asertividad, motivación, trabajo en equipo y resolución de conflictos. Al final de este artículo, se aborda la delimitación conceptual de cada una de las citadas competencias.
En los programas diseñados para incrementar las citadas competencias se pretende apreciar en los adolescentes su relación con dos variables claves para el desarrollo académico y de la calidad educativa: su incidencia en el aprendizaje académico, en una mayor integración social y la consiguiente superación del acoso escolar / bullying. Del estado de las investigaciones en cada uno de estos aspectos se trata a continuación.
En el año de 1970 el Gobierno
del General Juan Velasco Alvarado firma un convenio con la ONU a través del Banco Internacional de Reconstrucción
y Fomento(BIRF) de
Alemania, para la construcción de Centros Educativos a nivel nacional, entre
ellos nuestra Institución, Proyecto
PERÚ BIRF en aquel entonces.
Es así que el 03 de marzo de
1978, mediante R.D. No. 00161 se fusionan: el Colegio Nacional Mixto “Santo
Domingo” y el Instituto Nacional Agropecuario (INA) Nº 60, dando origen a
nuestra institución con la denominación de Colegio Estatal PERÚ BIRF “Juan Parra del Riego”, el
cual inicia sus labores con 18 secciones en dos turnos, siendo el primer
Director el profesor Carlos Orellana Santibáñez.
El
30 de noviembre de 1984, mediante R.D. Nº 4085, a petición del Director,
Docentes, PP.FF. y Autoridades del
distrito de Sicaya se resuelve el cambio de nombre de nuestra institución,
designándola a partir de la fecha como: Colegio Estatal PERÚ BIRF “Santo Domingo de Guzmán”, en
mérito al fervor religioso que se profesa por el santo y por estar considerado
como patrón del distrito.
Posteriormente
el 21 de setiembre de 1994 en mérito a
la R.D. N° 04642-DSREJ, se designa a nuestra institución con la
denominación: COLEGIO
ESTATAL POLITÉCNICO PERÚ BIRF “Santo Domingo de Guzmán”, nombre que
hasta la actualidad ostentamos y motivo por el cual a partir del año 2013
celebramos cada 21 se setiembre
nuestro aniversario institucional.
Desde su creación nuestra
institución ofrece la variante técnica, en la actualidad Área de Educación para el Trabajo y el Área Científico Humanista.
En el Área de EPT brinda las Especialidades de:
üCarpintería
üMecánica
Automotriz
üGastronomía
üElectricidad
üConfección
Textil
üConstrucciones
Metálicas
üComputación
üTejidos
Artesanales
üCosmetología
üConstrucción
Civil
Institución de Jornada Escolar Completa
2015
Logros
destacados:
üPrimer
Puesto Concurso Regional de Lecturas Literarias 2012 – DRE Junín.
üPrimer
Puesto Feria Regional Tecnológica 2013
– DRE Junin..